Los “Mantudos” es el nombre con que denominamos en Costa Rica a los payasos y mascaradas que alegran los turnos de los pueblos.
En nuestra tierra, hablar de los mantudos es remontarse a un pasado que suscita nostalgia provinciana , es volver a un poblado marginado , pero generador de de tradiciones nacionales. La Puebla fue uno de los lugares de mayor alegría que tuvo la Noble y Leal Ciudad de Cartago (provincia de Costa Rica). Fue aquí en donde nacieron las primeras muestras de este arte auténtico, al calor del culto a la Virgen de los Angeles .
Las fiestas en las que ardía La Puebla no tenían tregua, pues desde la víspera al empezar agosto se daba la vivacidad de la barriada. Dando las doce meridiano, los mantudos inauguraban las fiestas pueblerinas bajo la expectación de los habitantes de todos los pueblos que llegan a pie, en carreta o caballo.
La cuadrilla de mantudos era sobresaliente: El Gigante era el más espectacular, vestido por la costurera más prestigiosa de la barriada, Celín Valerín que lo vestía de poplín y a la manera del gobernador de la ciudad.
Junto a él está la giganta de madera, muñeca de facciones muy delicadas que representaba a una española de la ciudad.
No podía faltar en la cuadrilla el mantudo central: El Diablo que con sus travesuras se convertía en el tormento de los niños y mujeres. Sobresale por sus fechorías “La Muerte”
Muchos mantudos representan la expresión del sentido humorístico y jocoso de nuestras gentes así como su crítica a sectores dominantes de la cultura.
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